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viernes, 9 de septiembre de 2011
Lituania, 2da. parte: Primer trip en bici a través del país, y Rainbow Gathering
Entre el 10 de agosto y por espacio de unos veinte días se celebraba el Baltic Rainbow Gathering en un bosque cerca de Anyksciai, algo de 160 kms. desde Kaunas. Los Rainbow Gatherings son comunidades igualitarias temporarias que se celebran desde los '70 en todo el mundo, en contacto con la naturaleza, y exponiendo ideales de paz, amor, no-violencia, respeto al medioambiente y libertad como propuesta contracultural a la cultura pop, consumismo y medios masivos. ¡Básicamente, un montón de hippies! Indre (que ahora me estaba hospedando en su casa) y yo nunca habíamos asistido a uno, así que decidimos que sería buena idea sumarnos a los hermanos por unos días.
La idea era hacer dedo, lo que nos llevaría algo de tres horas. Pero era demasiado fácil, así que con una sonrisa complice le pregunté: "¿Y si vamos en bici?". Así que pedí prestada Hércules a Tuchkus, la bici que se convertiría en compañera en este primer trip en dos ruedas de mi vida. Hércules tenía unos 30 años, y la verdad es que había tenido tiempos mejores. Sólo dos de los tres cambios andaban, los frenos no funcionaban del todo y el asiento (un hermoso Brooks vintage de los '80 eso sí...) se movía para todos lados. Pero hizo honor a su nombre cargando con más de 40 kilos de equipaje (míos y de Indre) entre ropa, bolsas de dormir, tienda, comida y utensillos de cocina. No para ser un gentleman, sino por motivos prácticos (como me gusta pedalear rápido, decidí que era buena idea cargar todo el peso para igualar el ritmo). Además, era el perfecto argumento en caso de discusión: "¡¿No ves que estoy cargando todo yo solo?!". Igualmente ello no previno que se quedara atrás y tuviese que provocarla con suaves injurias para que pedaleáse más fuerte... El primer día salimos tarde de Kaunas (a eso de la 1) y tomamos pequeñas carreteras regionales, asfaltadas pero casi sin tráfico, por el medio de pequeños pueblos y caseríos en medio del campo, con vistas y paisajes que sólo en esta clase de rutas perdidas y en bicicleta se pueden encontrar. Hicimos una parada en un restaurant barato en Jonava, donde por 2€ me comí una porción abundante de pescado con queso gratinado y papas al horno, y seguimos camino. Pronto nos dimos cuenta que la travesía en bici fue una buena eleccion, con un hermoso paisaje que parecía salido de un cuento de hadas y hermosas rutas arboladas solo para nosotros. Acá va un pequeño video sobre los paisajes de Lituania para que se den una idea:
El sol comenzaba a caer en el horizonte cuando decidimos parar a comer y acampar cerca de Ukmerge en unas plantaciones detrás de unos árboles, lejos de la carretera y al refugio de miradas curiosas. Habíamos cubierto 80 kms. en medio día: nada mal por ser la primera vez. Temprano al día siguiente levantamos campamento para seguir ruta. Pero se presentó un inconveniente: el poco acostumbrado trasero de Indre se rehusó a continuar. Habían sido suficiente para él las 6 horas del día anterior sobre el poco cómodo asiento deportivo que montaba su bicicleta y ahora pagaba las consecuencias. Tratamos de poner un toallón como acolchado para minimizar el martirio, y si bien el dolor continuaba pudimos proseguir lentamente. Pasado el mediodía paramos a descansar en un pequeño pueblecito sobre el camino llamado Kavarskas. Disfrutamos una buena cerveza fresca (un lujo en un país donde se bebe a temperatura ambiente. Puajjj...) y fumamos sendos cigarrillos (¡nada mejor después de hacer ejercicio, niños!) en el césped y bajo el cálido sol de finales de agosto.
Pasamos Anyksciai y nos encontramos con un hermoso lago de frescas aguas azules que invitaban al baño. Indre quería parar, pero yo había tenido bastante de parar y parar aquí y allá, y lo único que quería era llegar a destino antes de la noche y dejar toda la porquería que cargaba. Así que muy a pesar de Indre continuamos, y en un pequeño poblado llamado Andrioniskis, cercano al meeting, paramos a preguntar direcciones. La señora fue super amable y estaba al tanto del Rainbow, así que fue bastante fácil encontrar el lugar.
Pasamos Lasiniai e Inkunai en pequeñas carreteras atravesando el bosque y finalmente nos encontramos con Urtas, que nos mostró el camino. Saludamos a algunos de los chicos que estaban por ahí y fuimos a buscar un lugar para dejar las cosas y poner la tienda. De ahí, socializar un poco, las consabidas presentaciones y pegarnos un buen baño en las cristalinas aguas del río que pasaba por ahí. Conocimos a la gente, que llevaba ya unas dos semanas en el lugar, tomamos un té y nos contaron un poco de que iba el tema. Me encontré también con Gabriela y Airida, a quienes había conocido en el ecofestival y del que Gabriela era también organizadora. Al caer de la noche, comer bajo las estrellas alrededor del fogón la deliciosa comida tradicional de Uzbekistán (Plov) que Serguei había preparado. Antes de comer, todos nos pusimos de pie en círculo alrededor del fuego tomados de las manos, y comenzamos a cantar canciones y alabanzas de agradecimiento. Me comí tres platos gigantescos, con el estómago abierto por los dos días de bicicleta, y estuvimos de sobremesa y tomando té hasta la medianoche, cuando decidí irme a descansar a mi hermosa carpa y recargar energías. Me desperté temprano a la mañana siguiente y desayuné un té con el hermano de Urtas y Katja. Ella era alemana y llevaba unos cuantos años viajando por el mundo. Ese día era sábado, y día fuerte del festival de música folclórica más grande del país, por lo que mucha de la gente se había ido. Yo quería ir, pero me había enterado demasiado tarde y ahora era difícil llegar a tiempo, así que quedamos a pasar el día en el bosque. Ayudamos a Serguei a cocinar "borsch" y unas deliciosas setas que habían traído del bosque y que tenían un sorprendente sabor entre pollo y pescado. Pasamos la noche tocando algo de guitarra con un chico de Noruega mientras Ehres tocaba el didgeridoo y charlando de cosas.
Pero el pronóstico para el día siguiente era de lluvia fuertes y tormenta después del mediodía, así que decidimos que la opción más sensata sería despertar al alba y salir lo más temprano posible, pedaleando fuerte para ya tener mitad de camino en el bolsillo y estar acampados en buen lugar cuando se largase el diluvio. Así que despertamos temprano y nos despedimos de los chicos. Ricardas, que había hechos muchos trips y a veces arregalaba bicis en sus ratos libres, me dió algunos consejos y revisó a Hércules. Salimos, y después de 15 kilómetros paramos en Andrioniskis a comprar provisiones y comer algo. De ahí, bordear Anyksciai y otra parada en Kavarskas, donde con Hércules nos enfrentamos a una subida bastante decente. Pedaleando de pie, tratando de mantenerme en equilibrio por el exceso de equipaje, y zigzagueándo de borde a borde del camino para minimizar la pendiente. No fue una hazaña, pero dadas mis condiciones de principiante al mirar hacia atrás desde la cima mientras trataba de recuperar el aliento me sentí como el primer humano al subir el Monte Everest. Decidí que me merecía una buena cerveza fría (Svyturios, la más popular del país báltico) para celebrar y paramos con Indre un buen rato. Yo empecé a tratar de provocarla suavemente tocando su orgullo para que fuese más rápido, y la estratégia dió resultado: un poco enojada y con el ceño medio fruncido empezó a pedalear como posesa para demostrarme que no era una mujer débil. ¡Finalmente! Por un par de horas nos movimos a algo más de 30 km/h. Yo iba tratando de mantener el ritmo con toda la carga, chupando rueda para cortar el fuerte viento de frente, cuando a ella se le ocurrió frenar de repente enfrente mío. No fue la opción más inteligente quizás, y terminé desparramado en medio de la carretera. Por suerte, no venía nadie en ese momento y no sufrí más inconveniente que unos raspones en las rodillas... La buena noticia era que no llovía, y si bien el cielo estaba cubierto, no parecía probable que se avecinara mal tiempo.
Pasado Jakutiskiai, a Indre se le acabaron las baterías y comenzó de nuevo con dolores en las posaderas, así que volvimos al cansino ritmo de 10 km/h habitual. Pero ya faltaba poco y habíamos cubierto un buen trozo del trayecto, así que podíamos relajarnos un poco. Un hermoso sol comenzó a brillar, iluminando las esponjosas nubes de algodón y los campos verdes que los hombres trabajaban, tal como habían trabajado sus padres y los padres de sus padres desde tiempos inmemoriales, en sus vidas simples, devotos a la Madre Tierra.
En el pequeño pueblo de Bukonys paramos a cargar agua y comprar cigarrillos y chocolates, provisiones indispensables en cualquier viaje que se precie. Preguntamos a unos locales que miraban pasar las horas en un banco por direcciones, y me reía por dentro de su estupor cuando supieron de donde veníamos. Creo que haberles dicho que veníamos de otro planeta no les habría causado mayor impresión. Así que comimos unos chocolates en un banco mientras los rumores se extendían en el pueblo y la gente nos miraba de reojo.
Llegamos a Jonava (a 25 kms. de Kaunas) cuando quedaban un par de horas de sol, y decidimos hacer trampa y tomar el tren (al final del día nos dimos cuenta que hubieramos tardado menos en bici...). Pero 120 kms. en una jornada estaba bien, y podíamos darnos el lujo de descansar en las vías tomando un café. Aunque las semillas de la idea de otra aventura, esta vez mucho más grande, ya estaban plantadas en nuestras mentes...
jueves, 8 de septiembre de 2011
Lituania, 1ra. parte: Ecofestival, y una semana movida en Kaunas.
| Castillo de Trakai |
Nos encontramos con Tuchkus, Paulius y Edvinas ya bien entrada la noche, y nos dirigimos en el coche derecho al festival. Unas chicas con voces angelicales cantaban música tradicional lituana, y la gente contemplaba el espectáculo a la luz de las estrellas. Pusimos las carpas (tiendas de campaña), dejamos todo el equipaje y fuimos a hacer reconocimiento de terreno. Si bien era un eco-festival donde no se permitía el consumo de alcohol o carne, nos fuimos con Tuchki y la gente a un rincón alejado a comer un salame regado con una buena botella de vino. Siempre como el salmón, contra la corriente... El cielo ese día era especial: estaba prevista la lluvia de estrellas más grande en unos cuantos años y, si bien el cielo estaba parcialmente cubierto y no nos quedamos hasta la hora debida, pudimos ver un buen número de ellas bailar sus danzas ígneas a través del cielo.
Pasamos todo el fin de semana en el festival, conociendo gente local y aprendiendo un poco de su cultura. La novia de Paulius (Ponulis, para los amigos), Vaida, organizaba el evento. No era mucha gente (algo de 200 personas), pero era la gente adecuada, todos muy buena onda. Aprendí algunas frases en lituano, a tejer pulseras y cinturones al estilo típico del lugar, fui a talleres sobre variados temas (aunque no entendí nada porque eran en lituano), y aprendí algunos 'sutartinės', antiguos y muy singulares ejemplos de música tradicional considerados Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad por la UNESCO.
Pasamos por el castillo de Trakai, hermosa construcción de comienzos del s. XV y símbolo de Lituania, y llegamos a la casa de Tuchkus en Kaunas, y tratamos de organizar un poco la semana para hacer algunas actividades. Al día siguiente fuimos por todos los alrededores de Kaunas en bicicleta, pasando por el Yacht Club y el hermoso monasterio de Pazaislis, el más grande de Lituania y mejor ejemplo de arquitectura barroca italiana en el país.
Más tarde nos encontramos con Giedrius para un poco de historia en un lugar sagrado para los antiguos paganos, la confluencia de los dos ríos más grandes de Lituania: Niemunas y Neris. Giedrius es el embajador de la ciudad por la página de CouchSurfing, y sabe mucho de historia y leyendas tradicionales, así que fue interesante para mí escuchar un pedacito de su mundo. De ahí a probar unas cervezas locales con Knut de Alemania, y Gintare y su amiga. Al día siguiente nos encontramos nuevamente con Giedrius, Ponulis, Vaida, Knut y un par de chicos para ir al VI Fuerte de Kaunas, uno de los numerosos fuertes de la ciudad (hoy abandonado), construido a finales del s. XIX por los rusos para proteger el límite occidental del Imperio, y que durante la II Guerra Mundial (con la invasión de Lituania por parte de Alemania) sirvió como prisión y campo de exterminio para 35.000 judíos y prisioneros de guerra del Ejército Rojo. El lugar estaba cubierto por la maleza y en ruinas, y teníamos que abrir camino entre los herbajos para entrar en los lugares escondidos armados con linternas para explorar los fragmentos rotos de historias olvidadas bajo las arenas del tiempo. Las salas donde se incineraban los cadáveres todavía estaban cubiertas por una nube de ceniza irrespirable.
Terminamos cubiertos de hollín y barro, y así como estabamos fuimos a un 'bar' digno de mencionar. En Lituania está prohibido vender alcohol después de las diez de la noche, así que lo que los ingeniosos negociantes inventaron fue simplemente poner una mesa y un par de sillas adentro y pretender ser un bar, con lo que pueden burlar la ley y vender alcohol las 24 horas a las gargantas sedientas. Este en particular estaba poblado de curiosos especímenes de la fauna local que venían a socializar y disfrutar las jarras de cerveza ('alus', en lituano) por 0,50€. Así que estuvimos un buen rato degustando el bendito brebaje de malta y charlando con los locales. Nuestras pintas no debieron haber sido las mejores porque hasta ellos, que distaban de vestirse elegantes, nos preguntaron: "¿Así que son gitanos, eh?". Paroxismos de risa.
Otro día Tuchkus tuvo la idea de ir a navegar al río. El bote en cuestión era un inflable que ya había pasado sus mejores días y estaba emparchado por todos lados. Como no podía esperarse menos, llegamos tarde al lugar, armamos mal el bote y para cuando finalmente estuvimos en el agua ya eran las nueve de la noche. Así que empezamos a remar. Bueno, James empezó a remar, porque Tuchkus se pasó más de una hora hablando por teléfono y yo estaba incrustado entre los dos asientos sin poder moverme, así que le tocó a él el esfuerzo, sudar y putear bajito buena parte de los 15 kilómetros. La corriente era extremadamente lenta, así que nos tocó apurar el paso la última hora y remar sin parar porque teníamos que encontrarnos con Indre, Jovita and Tomas para unas cervezas.
También hicimos una cena de amigos para algo de 15 personas en casa de Tuchkus también esa semana. Yo preparé unos cuantos litros de deliciosa Sangría y James cocinó un increíble lechón al horno con no se que salsas y no se que cosas, quizás lo más rico que haya probado en mi vida. El terminó sus estudios de chef en Nueva Zelanda, y ahora quiere viajar por Europa (especialmente Italia) para aprender más sobre las distintas tradiciones culinarias. Y yo, claro, encantado de acompañarlo...
El fín de semana organizamos un pequeño evento en el grupo local de CouchSurfing. La idea era juntarnos en la casa de verano de los padres de Tuchkus, tocar la guitarra alrededor del fuego y quizás algún chapuzón en el río por la noche. Llegamos con James después de pedalear 15 kms. entre arbolados caminos de tierra y pequeños poblados. El lugar y la casa eran bonitos, y poco después llegaron Indre, su hermana menor Julija y sus dos CouchSurfers, Dave de Australia y André de Brasil. Luego llegó Tuchki, y más tarde Ponulis, Vaida, Giedrius y Dovile (la novia de Tuchki) completaron el encuentro. Las cervezas tibias, los aperitivos y la música fluyeron, y la lluvia no impidió que pasaramos un buen rato. Ya entrada la noche Ponulis, Vaida y Giedrius volvieron a la ciudad y nosotros nos quedamos a pasar la noche. Al día siguiente nos levantamos y comimos algo. Miramos una peli muy buena, André volvió a la ciudad y los otros chicos decidieron ir a hacer las compras y recoger setas en el bosque a pesar de la lluvia. Yo, poco amigo del mal tiempo, decidí quedarme en la casa tomando una hermosa siesta bajo una manta y al calor del fuego. La angina de Indre probó que la mía fue la mejor opción. James con la ayuda de los chicos cocinó unas pastas buenísimas con salsa de champignones y vino blanco que no tardamos en devorar. Pasamos otra noche juntos en la casa, y al día siguiente volvimos a Kaunas.
Como los padres de Tuchkus estaban en el apartamento, decidimos con James quedarnos en lo de Indre y su hermana, con Dave y los gatos Salomas y Panda de compañia. Jugamos al chancho, un juego de cartas argentino muy simple pero que es buena excusa para beber y pasar un rato divertido. Julija fue la primera en perder, y como castigo la bañamos con 20 litros de agua fría y le tiramos dos kilos de harina encima, que tardó una hora en sacarse del pelo. James fue el siguiente, y le tocó beber un buena cantidad de '999' (un licor de hierbas verde típico de Lituania) y correr desnudo alrededor del bloque...
El día siguiente fue el último día de James en Lituania, y ahora le tocaba cubrir unos 2000 kms en tres días para estar a tiempo en la granja del norte de Italia donde iba a pasar un tiempo de voluntario haciendo wwoofing. Así que nos despedimos con un poco de tristeza, después de todos los kilómetros y las historias juntos, pero con la certeza de volvernos a ver las caras pronto otra vez, en la carretera...
miércoles, 7 de septiembre de 2011
De Cracovia a Lituania. Ultimo día a dedo con James cruzando la hermosa campiña polaca, y reencuentro con Tuchkus
Una vez más tiempo de partir: tres días quieto fue demasiado! Así que nos despertamos mientras el sol se alzaba sobre los techos de Cracovia, llenamos la maleta con nuestras escasas pertenencias y salimos. Caminamos por una hora en el fresco de la mañana hasta la estación de servicio que habíamos elegido sobre la carretera y ya fuera de la ciudad. ¡Otro 'desayuno español', algunas preguntas a empleados caracúlicos y a empezar la jornada!
El camino que habíamos elegido para el día nos llevaba unos 600 kms. atraversado Polonia y su capital Varsovia hasta la frontera con Lituania, y de ahí otros 100 kms. hasta Kaunas y el esperado reencuentro con Tuchkus, con quien habíamos vivido y viajado en Malasia y Australia. De hecho, con él pasé la noche vieja (año nuevo) más memorable de mi vida. Estábamos los dos en Sydney (quizás el mejor lugar del planeta para ver los festejos de año nuevo) y solos, sin conocer casi a nadie y sin un dólar... ¿Qué hacer? Se me ocurrió una idea poco ortodoxa: hacer un cartel grande que entre bonitos dibujos decía algo así como "Año Nuevo! Ayudanos con una moneda, una cerveza, un trabajo o una amiga bonita! Y empezamos a preguntarle a todo el que nos cruzábamos, con una gran sonrisa y contando algo de nuestra historia. La gente se mostró sorprendida por nuestra extraña estrategia de marketing: ¡finalmente alguien que pedía dinero expresa y honestamente para agarrarse un buen pedo! Y así, en poco más de una hora, hicimos algo de $50... Compramos una caja de cinco litros del vino más barato, y en muestra de desinteresada generosidad etílica terminamos donando todo el resto a una organización benéfica (debo reconocer que nos arrepentimos de ello cuando se acabó el vino...). De ahí nos encontramos con un amigo surcoreano, y a 15 minutos de medianoche saltamos las rejas escapándonos de la policía hasta el lugar donde más de medio millón de personas esperaban ansiosas los festejos y el comienzo del nuevo año.
Polonia es probablemente mi país favorito para hacer autoestop. La gente es amable y está muy acostumbrada a hacer dedo. Hasta comienzos de los '90 el 'dedo' fue un medio oficial de transporte, organizado por el Servicio Nacional de Turismo. Cada autoestopista tenía una tarjeta de identificación con aseguración incluida. Fue por lo tanto bastante fácil encontrar alguien hasta Varsovia. Después de algo de 15 minutos, Aneta se ofreció a llevarnos los 300 kms. que nos separaban de la capital. Ella vivía en Inglaterra pero había comenzado un negocio en Cracovia y viajaba con dos chicos que trabajaban con ella. Era muy simpática y buena conversadora, y cruzamos media Polonia mientras oíamos de sus aventuras, viajes, familia y planes de futuro.
Nos dejó en una pequeña gasolinera después de Varsovia, en buena posición para continuar camino ya que muchos coches irían en nuestra dirección. Poco antes habíamos recibido un mensaje de Tuchkus. Cambio de planes a último momento: en vez de Kaunas, debíamos encontrarnos con él y sus amigos en un ecofestival en el medio de la nada. Como no teníamos dinero para llamarlo y él es famoso por su cómica desorganización, estuvimos algo de cuatro horas hasta que finalmente tuvimos una pequeña idea de donde teníamos que ir. En la gasolinera estuvimos algo de 15 minutos hasta que Michał nos llevó unos 30 kms. hasta pasado Wyszków.
Pasamos en el camino al lado de numerosas chicas con escasa ropa que ofrecían sus servicios a los cansados conductores. Comimos un pequeño snack al costado de la pequeña carretera, y después de otros 20 minutos Florian nos llevó rumbo a Białystok. El era alemán pero vivía y trabajaba como abogado en Polonia, de donde procedía su esposa. Era un tipo divertido (si, hay abogados buenos!), con historias locas de juventud e interesantes puntos de vista. Se desvió unos cuantos kilómetros de su camino para dejarnos en buena posición, y nos despedimos en el costado de la pequeña carretera arbolada.
Ahí estuvimos un buen rato, más bien porque nuevamente teníamos una señal de larga distancia en una carretera con mayoría de tráfico local. Después de algo de una hora, unos chicos se ofrecieron a llevarnos hasta una gasolinera a mitad de camino hacia Augustów, y después de una media hora Marek y Gabriela nos dejaron en una gasolinera fuera de esa ciudad, ya a 50 kms. de la frontera con Lituania.
De ahí, una corta espera y una pareja se ofreció a llevarnos 200 kms. hasta cerca de Trakai, a pocos kilómetros de el bendito festival. Cruzamos la frontera mientras la noche comenzaba a tender su manto de oscuro terciopelo sobre los pintorescos campos del sur del país báltico, charlando sobre memorias de pasados, crónicas de inquietos presentes y planes de coloridos futuros. Ya era tarde cuando nos despedimos deseándonos una feliz vida en la intersección de carreteras donde Tuchki nos iría a buscar con unos amigos.
La noche se presentaba oscura, iluminada apenas por la tenue luz plateada de las estrellas, y con una densa niebla cubriendo los campos. Los minutos pasaban, y no sabíamos muy bien si estabamos en el lugar correcto porque no había señalización y las carreteras no se parecían mucho al mapa. Empezamos a caminar sin saber bien a donde, hasta que después de un buen rato un coche pegó un tremendo frenazo en frente nuestro. ¡Tuchkuuus! Nos abrazamos pegando saltos en el medio de la carretera, y contamos todas nuestras últimas aventuras mientras nos dirijíamos al festival con sus amigos. Pero eso es ya otra historia...
viernes, 2 de septiembre de 2011
Cracovia. Casco antiguo y castillo, Auschwitz y un poco de historia
Me sentía muy cntento de estar nuevamente en Polonia, con su comida de abuela y grandes porciones, cerveza barata, mujeres hermosas y gente simpática. Llegamos a Bielsko Biala cuando el sol caía sobre el horizonte, y decidimos hacer trampa y tomar un bus para pasar la noche en Cracovia. Llamamos a Marta, pero ella todavía estaba en Varsovia, volviendo de Portugal y con problemas en el coche en el que venían, así que no parecía probable que llegase esa misma noche. Al final, nos consiguió una habitación en el hostel de unos conocidos. Llegamos a la estación de buses y lo primero que hicimos fue comernos una 'zapiekanka', snack tradicional polaco que consiste de un baguette abierto a la mitad con queso, champignones y un poco de salsa. Teníamos hambre después de un largo día y la zapiekanka tenía un delicioso sabor a un euro... De ahí, al hostel, una merecida ducha y recuperar energías.
Al día siguiente dejamos las mochilas en el hostel y salimos para recorrer la ciudad. Encontramos un tour a pie gratuito en la ciudad, al estilo de los demás 'free walking tours' de otras ciudades europeas. Estos tours te llevan por algo de 3 horas alrededor de la ciudad y al final se deja una donación o propina. Son normalmente muy divertidos y una buenísima opción para tener una idea de la historia y costumbres del lugar, y conocer otros mochileros, ya que a diferencia de los tours de pago (que están apestados de jubilados con sombrero, shorts, camisas hawaianas, sandalias con medias y cámara de fotos) la mayoría de la gente son jóvenes viajeros cortos de efectivo y sedientos de experiencias. Lamentablemente el guía que nos tocó no era demasiado divertido, pero igualmente aprendimos bastante sobre la ciudad y el país, sus lugares e historia. Una leyenda atribuye la fundación de la ciudad al mítico gobernante Krakus, que lo construyó sobre una cueva ocupada por un voraz dragón. Muchos caballeros intentaron sin éxito desalojar al dragón luchando contra él, hasta que un zapatero llamado Dratewka le dio una oveja llena de azufre; el dragón se la comió, bebió el agua del río Vistula y estalló. El centro de la ciudad (stare miasto) es precioso, con ejemplos de arquitectura renacentista, barroca y gótica, y fue declarado patrimonio de la humanidad por la Unesco en 1978.
La ciudad data aproximadamente del s. X, al final del cual ya era considerada un importante centro de comercio. Fue casi totalmente destruida durante las invasiones tártaras entre el s. XIII y luego reconstruida, floreció con la unión lituano-polaca entre los s. XIV y XVI. La ciudad sobrevivió intacta las atrocidades de la II Guerra Mundial ya que era considerada por ls nazis como una ciudad alemana. Los edificios y lugares más representativos son hoy en día el Castillo y la Catedral en la colina Wawel, numerosas iglesias y museos diseminados por el centro, la gigantesca plaza del mercado (de 200 m. de lado), el distrito de Kazimierz (centro histórico de los judios de Polonia) y la Catedral de Santa María.
Desde la cima de ésta, un trompetista toca a cada hora una célebre melodía (hejnal mariacki) que culmina con una nota rota. Es uno de los símbolos de la ciudad, y segun la leyenda fue el trompetista quien tocando la misma melodía sin cesar alertó a toda la población de los tártaros que se avecinaban y pudo así salvar Cracovia de la invasión. Lamentablemente, una flecha tártara atravesó la garganta del héroe, por lo que la canción se toca así inconclusa en homenaje. El toque de trompeta se reproduce por la radio nacional polaca todos los mediodias, y sería una hermosa y poética historia... si no fuera mentira. La leyenda fue forjada en los años '20 por un turista americano de las diversas leyendas que escuchó entre la gente del lugar y que posteriormente plasmó en un célebre libro, "El Trompetista de Cracovia", ganador de un Premio Newbery en 1929.
La colina de Wawel es también hermosa, con su Castillo Real y Catedral. La catedral es considerada el santuario nacional polaco, habiendo sido a través de sus mil años de historia sede de coronación de numerosos monarcas polacos. La Capilla de Segismundo, con su cúpula de oro y su magistral estilo renacentista toscano del s. XVI, es considerada uno de los ejemplos arquitectónicos más brillantes de Polonia, y numerosos reyes y reinas se encuentran enterrados bajo los frescos y esculturas en su espléndido interior.
A la tarde nos encontramos con Marta, con quien habíamos hecho un bonito viaje por Europa hace ya unos años, y nos entretuvimos charlando de esto y aquello y probando comida tradicional. Como ella no podía alojarnos dado que su madre estaba de inesperada visita, escribimos un mensaje en el grupo de último minuto en CouchSurfing. A los 10 minutos recibimos una llamada de Jacek ofreciéndonos un lugar y unos minutos más tarde un mail de Egil por el mismo motivo... Así que nos encontramos con Jacek y Marta más tarde y fuimos caminando por la ciudad hasta el pintoresco barrio de Kasimierz, centro de la comunidad hebrea desde el s. XIV hasta la II Guerra Mundial, hoy Patrimonio Mundial de la UNESCO y barrio de artistas, con los mejores bares de la ciudad.
Hicimos una parada estratégica en el Singer Bar y el Alchemia. El primero es un hermoso bar en madera iluminado con velas, con bonitos cuadros y toma su nombre de las viejas máquinas de coser que sirven como mesas. Nos fuimos temprano, pero según cuenta la leyenda después de las once la gente comienza a bailar. ¿Que dónde, que no hay lugar? ¡Arriba de las mesas, como corresponde!. El Alchemia es otro bar precioso, de los que no se olvidan. Con sus decadentes interiores de madera, muebles y cuadros antiguos, y una sempiterna nube de humo resáltando su sugestiva atmósfera, todo iluminado a la tenue luz de las velas. La entrada a algunos cuartos se realiza a través de un pequeño armario, y se siente como viajar en el tiempo a los años '20. De ahí, cruzamos la calle hasta Plac Nowy (Plaza Nueva), donde se sirven las mejores zapiekankas de Cracovia. Caminamos hasta el centro, tomamos otro poco, y nos fuimos hasta la casa de Jacek, a mirar algunos videos divertidos y hablar de todo un poco antes de ir a dormir.
Al día siguiente decidí probar el otro tour gratuito de la ciudad, el Jewish Tour, alrededor de los puntos neurálgicos de la historia hebrea de la ciudad. El Guía fue mucho mejor esta vez, y fue muy interesante descubrir un poco de la historia semienterrada bajo las arenas del tiempo. La comunidad judía en Polonia era antes de la guerra la mayor de toda Europa (3,5 millones, o 33% del total), y sólo en Cracovia los judíos sumaban un cuarto de la población total. Pasamos por la vieja sinagoga (la más antigua de Polonia y museo de la ciudad) y las sinagogas de Remuh e Izaac (única activa y la más grande de Cracovia respectivamente).
Pasamos por el lugar donde se filmó una de las escenas más importantes de la película "La lista de Schindler", y cruzamos el río hasta el Gueto. Antes de la II Guerra, la población judía en Cracovia era de 68.000. Con la llegada de los nazis la mayoría fue deportada de la ciudad, y los 15.000 restantes 'capaces para trabajar' fueron hacinados en el nuevo gueto en condiciones infrahumanas. Finalmente el Gueto fue liquidado entre junio del '42 y marzo del '43. La población apta para trabajar fue enviada a los campos de Belzec y Plaszow, los campos de exterminio en Auschwitz o simplemente muertas en las mismas calles. De ahí pasamos a la 'fábrica' de Schindler, o el museo y la oficina donde se venden los infaltables souvenirs. La figura de Schindler es altamente controvertida, y prácticamente nada de lo que se ve en la película es real. Más bien, fue el escritor norteamericano Thomas Keneally quien inventó su figura en el libro "El Arca de Schindler". Los judíos fueron más bien usados como mano de obra esclava en sus fábricas, y el no fué el autor de la famosa lista sino un oficial de la SS. Para entrar dicha lista había que tener algún contacto o familiar en los servicios secretos y, según testimonios de algunos supervivientes, pagar la exorbitante suma de 5.000 dólares. Lástima, otro bonito mito hecho pedazos por la cruel realidad...
El día siguiente era nuestro último día en la ciudad y decidimos ir con James a Auschwitz. A unos 40 kms. de Cracovia, fue el mayor centro de exterminio de la historia del nazismo, donde se calcula que fueron asesinados entre 1,5 y 2,5 millones de personas. La entrada al campo de Auschwitz I ostentaba la lúgubremente famosa inscripción "Arbecht Macht Frei" (el trabajo hace libre).
Los hechos, detalles y condiciones de hacinamiento del lugar son demasiado largos y atroces para detallar aquí, y me produjo un nudo en el corazón el sólo hecho de pensar en los niveles que puede alcanzar la locura colectiva y que ésto sólo había pasado hace cosa de 70 años. Yo había leído "El Hombre en Busca de Sentido" de Viktor Frankl, fantástico libro donde se detallan sus experiencias como prisionero en campos de concentración desde la perspectiva de sus efectos psiquiátricos. Es uno de mis libros favoritos, y me sentí embargado por una sensación de dolor caminando entre los lugares descritos en él y pensando en todas las historias de vida despedazadas prematuramente por la brutal estupidez humana.
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